martes, 7 de diciembre de 2010

CHARLES BUKOWSKI - DEJE DE MIRARME LAS TETAS,SEÑOR

Charles Bukowski


Big Bart era el tío más salvaje del Oeste. Tenía la pistola más veloz del Oeste,
y se había follado mayor variedad de mujeres que cualquier otro tío en el Oeste.
No era aficionado a bañarse, ni a la mierda de toro, ni a discutir, ni a ser un
segundón. También era guía de una caravana de emigrantes, y no había otro hombre
de su edad que hubiese matado más indios, o follado más mujeres, o matado más
hombres blancos.
Big Bart era un tío grande y él lo sabía y todo el mundo lo sabía. Incluso sus
pedos eran excepcionales, más sonoros que la campana de la cena; y estaba además
muy bien dotado, un gran mango siempre tieso e infernal. Su deber consistía en
llevar las carretas a través de la sabana sanas y salvas, fornicar con las
mujeres, matar a unos cuantos hombres, y entonces volver al Este a por otra
caravana. Tenía una barba negra, unos sucios orificios en la nariz, y unos
radiantes dientes amarillentos.
Acababa de metérsela a la joven esposa de Billy Joe, la estaba sacando los
infiernos a martillazos de polla mientras obligaba a Billy Joe a observarlos.
Obligaba a la chica a hablarle a su marido mientras lo hacían. Le obligaba a
decir:
—¡Ah, Billy Joe, todo este palo, este cuello de pavo me atraviesa desde el coño
hasta la garganta, no puedo respirar, me ahoga! ¡Sálvame, Billy Joe! ¡No, Billy
Joe, no me salves! ¡Aaah!
Luego de que Big Bart se corriera, hizo que Billy Joe le lavara las partes y
entonces salieron todos juntos a disfrutar de una espléndida cena a base de
tocino, judías y galletas.
Al día siguiente se encontraron con una carreta solitaria que atravesaba la
pradera por sus propios medios. Un chico delgaducho, de unos dieciséis años, con
un acné cosa mala, llevaba las riendas. Big Bart se acercó cabalgando.
—¡Eh, chico! —dijo.
El chico no contestó.
—Te estoy hablando, chaval...
—Chúpame el culo —dijo el chico.
—Soy Big Bart.
—Chúpame el culo.
—¿Cómo te llamas, hijo?
—Me llaman «El Niño».
—Mira, Niño, no hay manera de que un hombre atraviese estas praderas con una
sola carreta.
—Yo pienso hacerlo.
—Bueno, son tus pelotas, Niño —dijo Big Bart, y se dispuso a dar la vuelta a su
caballo, cuando se abrieron las cortinas de la carreta y apareció esa mujercita,
con unos pechos increíbles, un culo grande y bonito, y unos ojos como el cielo
después de la lluvia. Dirigió su mirada hacia Big Bart, y el cuello de pavo se
puso duro y chocó contra el torno de la silla de montar.
—Por tu propio bien, Niño, vente con nosotros.
—Que te den por el culo, viejo —dijo el chico—. No hago caso de avisos de viejos
follamadres con los calzoncillos sucios.
—He matado a hombres sólo porque me disgustaba su mirada.
El Niño escupió al suelo. Entonces se incorporó y se rascó los cojones.
—Mira, viejo, me aburres. Ahora desaparece de mi vista o te voy a convertir en
una plasta de queso suizo.
—Niño —dijo la chica asomándose por encima de él, saliéndosele una teta y
poniendo cachondo al sol—. Niño, creo que este hombre tiene razón. No tenemos
posibilidades contra esos cabronazos de indios si vamos solos. No seas
gilipollas. Dile a este hombre que nos uniremos a ellos.
—Nos uniremos —dijo el Niño.
—¿Cómo se llama tu chica? —preguntó Big Bart.
—Rocío de Miel —dijo el Niño.
—Y deje de mirarme las tetas, señor —dijo Rocío de Miel— o le voy a sacar la
mierda a hostias.
Las cosas fueron bien por un tiempo. Hubo una escaramuza con los indios en
Blueball Canyon. 37 indios muertos, uno prisionero. Sin bajas americanas. Big
Bart le puso una argolla en la nariz...
Era obvio que Big Bart se ponía cachondo con Rocío de Miel. No podía apartar sus
ojos de ella. Ese culo, casi todo por culpa de ese culo. Una vez mirándola se
cayó de su caballo y uno de los cocineros indios se puso a reír. Quedó un sólo
cocinero indio.
Un día Big Bart mandó al Niño con una partida de caza a matar algunos búfalos.
Big Bart esperó hasta que desaparecieron de la vista y entonces se fue hacia la
carreta del Niño. Subió por el sillín, apartó la cortina, y entró. Rocío de Miel
estaba tumbada en el centro de la carreta masturbándose.
—Cristo, nena —dijo Big Bart—. ¡No lo malgastes!
—Lárgate de aquí —dijo Rocío de Miel sacando el dedo de su chocho y apuntando a
Big Bart—. ¡Lárgate de aquí echando leches y déjame hacer mis cosas!
—¡Tu hombre no te cuida lo suficiente, Rocío de Miel!
—Claro que me cuida, gilipollas, sólo que no tengo bastante. Lo único que ocurre
es que después del período me pongo cachonda.
—Escucha, nena...
—¡Que te den por el culo!
—Escucha, nena, contempla...
Entonces sacó el gran martillo. Era púrpura, descapullado, infernal, y basculaba
de un lado a otro como el péndulo de un gran reloj. Gotas de semen lubricante
cayeron al suelo.
Rocío de Miel no pudo apartar sus ojos de tal instrumento. Después de un rato
dijo:
—¡No me vas a meter esa condenada cosa dentro!
—Dilo como si de verdad lo sintieras, Rocío de Miel.
—¡NO VAS A METERME ESA CONDENADA COSA DENTRO!
—¿Pero por qué? ¿Por qué? ¡Mírala!
—¡La estoy mirando!
—¿Pero por qué no la deseas?
—Porque estoy enamorada del Niño.
—¿Amor? —dijo Big Bart riéndose—. ¿Amor? ¡Eso es un cuento para idiotas! ¡Mira
esta condenada estaca! ¡Puede matar de amor a cualquier hora!
—Yo amo al Niño, Big Bart.
—Y también está mi lengua —dijo Big Bart—. ¡La mejor lengua del Oeste!
La sacó e hizo ejercicios gimnásticos con ella.
—Yo amo al Niño —dijo Rocío de Miel.
—Bueno, pues jódete —dijo Big Bart y de un salto se echó encima de ella. Era un
trabajo de perros meter toda esa cosa, y cuando lo consiguió, Rocío de Miel
gritó. Había dado unos siete caderazos entre los muslos de la chica, cuando se
vio arrastrado rudamente hacia atrás.
ERA EL NIÑO, DE VUELTA DE LA PARTIDA DE CAZA.
—Te trajimos tus búfalos, hijoputa. Ahora, si te subes los pantalones y sales
afuera, arreglaremos el resto...
—Soy la pistola más rápida del Oeste —dijo Big Bart.
—Te haré un agujero tan grande, que el ojo de tu culo parecerá sólo un poro de
la piel —dijo el Niño—. Vamos, acabemos de una vez. Estoy hambriento y quiero
cenar. Cazar búfalos abre el apetito...
Los hombres se sentaron alrededor del campo de tiro, observando. Había una tensa
vibración en el aire. Las mujeres se quedaron en las carretas, rezando,
masturbándose y bebiendo ginebra. Big Bart tenía 34 muescas en su pistola, y una
fama infernal. El Niño no tenía ninguna muesca en su arma, pero tenía una
confianza en sí mismo que Big Bart no había visto nunca en sus otros oponentes.
Big Bart parecía el más nervioso de los dos. Se tomó un trago de whisky,
bebiéndose la mitad de la botella, y entonces caminó hacia el Niño.
—Mira, Niño...
—¿Sí, hijoputa...?
—Mira, quiero decir, ¿por qué te cabreas?
—¡Te voy a volar las pelotas, viejo!
—¿Pero por qué?
—¡Estabas jodiendo con mi mujer, viejo!
—Escucha, Niño, ¿es que no lo ves? Las mujeres juegan con un hombre detrás de
otro. Sólo somos víctimas del mismo juego.
—No quiero escuchar tu mierda, papá. ¡Ahora aléjate y prepárate a desenfundar!
—Niño...
—¡Aléjate y listo para disparar!
Los hombres en el campo de fuego se levantaron. Una ligera brisa vino del Oeste
oliendo a mierda de caballo. Alguien tosió. Las mujeres se agazaparon en las
carretas, bebiendo ginebra, rezando y masturbándose. El crepúsculo caía.
Big Bart y el Niño estaban separados 30 pasos.
—Desenfunda tú, mierda seca —dijo el Niño—, desenfunda, viejo de mierda, sucio
rijoso.
Despacio, a través de las cortinas de una carreta, apareció una mujer con un
rifle. Era Rocío de Miel. Se puso el rifle al hombro y lo apoyó en un barril.
—Vamos, violador cornudo —dijo el Niño—. ¡DESENFUNDA!
La mano de Big Bart bajó hacia su revolver. Sonó un disparo cortando el
crepúsculo. Rocío de Miel bajó su rifle humeante y volvió a meterse en la
carreta. El Niño estaba muerto en el suelo, con un agujero en la nuca. Big Bart
enfundó su pistola sin usar y caminó hacia la carreta. La luna estaba ya alta.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

CAMILLA CELESTE


Por las noches Larvas y enjambres de soles Se deslizan por los brazos

De mis muertos

Declarados locos, esquizoide Y desangrados

Mis amigos Me visitaron en sueños

Cruzaron los ríos con ojos vendados Animas Y mujerzuelas Entrando a la bocacalle

De una jeringa

500 noches sin abrir las venas Son ya 500 minutos por el cosmos Abrir y cerrar de piernas ante el gran juez Que me quita los puñales del infierno

Y dictamina que mi cabeza Debe rodar Por la corriente eléctrica Del oleaje

Al abrir la ventana de mi carne Un hombre que soy yo Se quita la piel Y sacude sus miedos sobre las flores Que posan En las revistas de decoración

En esta gran sala de espera, los pasillos huelen A sangre seca

A estornudo Y naipes tachados con garabatos

Espero que un constructor Ponga en su lugar La otra mejilla del mundo Sobre los cimientos y costillas Hasta popular efemérides y guerras mundiales

No podré alcanzar un mínimo de cordura

No tenemos la culpa, me decían

Yo los entiendo, sólo Son humanos Bestias Flemas de imperios

Fueron empalados sobre espejos gigantes Murieron lobotomizados con grandes picanas

Hasta parir casas e hijos rubios De buen talante

No tengo nada más que este cielo El ladrido El bullicio de los autos Los floristas gritando La sirena de unos bomberos Y policías

Desvanezco mi risa sobre la temperatura de mi abdomen Que contiene manchas de yodo Pequeñas cicatrices de guerras,

Me dicen que soy Huiana Capac El sobreviviente De los entenados de Adán y Eva

Frente al baño Hay humedades Y quejidos de hombres que respiran Y contienen en sus cuerpos Penachos Con grandes ojos De búhos

Una artillería de hachas y fusiles se esconden en los revés de las cabezas

Un país Como Espada Le brota entre las empuñadoras

A Guacolda, la de pelo azul Que fuma su último Lucky Strike

Para lanzarse A los cocodrilos Que ahí Allá abajo.

FAUNA


Levanto el mausoleo del día primero en vertical disparo sobre mi pecho de hielo,

mientras tú eras el primero en pedir mi condena,

el delgado hilo de tu mirada contra mi dentadura, sobreviviendo al exilio de mis tripas

tomé la fuerza de mi colmillo, clavé tu columna e hice un gesto inmortal sobre tu traje, para que no olvides que el rinoceronte de luz todavía vive, acicalando el pastizal rubio del infierno.


domingo, 28 de noviembre de 2010

GENIO Y FIGURA




Pablo de Rokha


Yo soy como el fracaso total del mundo, ¡oh, Pueblos!
El canto frente a frente al mismo Satanás,
dialoga con la ciencia tremenda de los muertos,
y mi dolor chorrea de sangre la ciudad.
Aún mis días son restos de enormes muebles viejos,
anoche «Dios» llevaba entre mundos que van
así, mi niña, solos, y tú dices: «te quiero»
cuando hablas con «tu» Pablo, sin oírle jamás.
El hombre y la mujer tienen olor a tumba,
El cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
Lo mismo que el ataúd rojo del infeliz.
Enemigo total, aúllo por los barrios,
un espanto más bárbaro, más bárbaro, más bárbaro
que el hipo de cien perros botados a morir.

domingo, 14 de noviembre de 2010

LISA






Roberto Bolaño



Cuando Lisa me dijo que había hecho el amor

con otro, en la vacía cabina telefónica de aquel

almacén de la Tepeyac, creí que el mundo

se acababa para mí. Un tipo alto y flaco y

con el pelo largo y una verga larga que no esperó

más de una cita para penetrarla hasta el fondo.

No es algo serio, dijo ella, pero es

la mejor manera de sacarte de mi vida.

Parménides García Saldaña tenía el pelo largo y hubiera

podido ser el amante de Lisa, pero algunos

años después supe que había muerto en una clínica psiquiátrica,

o que se había suicidado. Lisa ya no quería

acostarse más con perdedores. A veces sueño

con ella y la veo feliz y fría en un México

diseñado por Lovecraft. Escuchamos música

(Canned Heat, uno de los grupos preferidos

de Parménides García Saldaña) y luego hicimos

el amor tres veces. La primera se vino dentro de mí,

la segunda se vino en mi boca y la tercera, apenas un hilo

de agua, un corto hilo de pescar, entre mis pechos. Y todo

en dos horas, dijo Lisa. Las dos peores horas de mi vida,

dije desde el otro lado del teléfono.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Carta para mi nena drogadicta


Se llueven los libros

como si de verdad

existiera

una

mancha

sobre

otra

apilada en este lugar

desconociendo

el error de haber parido

una vez +

un dolor como éste

yo te busco en medio

de la ciudad

y no bajo la luz

porque desconozco un lugar

que te cobije tan bien

como la infinitud

de los drogadictos y los borrachos

y más limpias y más sinceras

serían tus piernas, las desho(n)ras,

las golpizas

si cobrasen un sentido

fuera del círculo,

puesto que te veo en muchas ocasiones

sombra y árbol de provincia

o hecha fiambre en una postal de verano

cantar dormidos

cantar en el grito

cantar en la escarcha de los vestidos

y en la solución de los crucigramas

donde tú perdiste la cordura

definitivamente

y el color de los ojos

más parecida a la muerte

es mi inyección

doblando tu costilla


el hocico roto


por inviernos


gigantes, tu retrato de kindergarden


en tu pasado desintoxicado



mi muchacha,

mi cucharita quemada,

mi laurita vicuña del cigarro negro

hoy + que nunca quiero

nombrarte sobre este delirio

la más reina


después de esta cumbia

después de ésta...


martes, 2 de noviembre de 2010

SOY LA REVOLUCIÓN QUE MUCHOS HABLARON/ TAPÁNDOSE LA BOCA


A veces quiero ser soberanía, y soy

La reina de la noche, la más virgen entre todas, una de esas

Estatuas sobrias de campo con muchos pretendientes y un historial de milagros

Que cualquier juez se pelearía,

Aún me aman

aunque me haya pegado unos polvos con el cura del pueblo, igual me quieren

Porque sigo siendo la Sierva Predilecta,

La que da bendiciones a los niños y la abnegada del Jefecito, la más pulenta

Entre las mujeres y bendito mi fruto

Por más que me tiren piedras, quemen

Seré Patroncita del obrero, aunque no me hagan la Novena ni el Rosario

Igual los adoro, sólo quiero que sepan

Que aún reducida en cenizas amaré

Uno y cada uno de los cabros que me cantaron

Soy la revolución que muchos hablaron

Tapándose la boca, cuidando de que Dios

No salga de su lugar, pero yo a él lo conozco harto

Nos interpretaron como un plato de porotos frío, nos dieron la espalda aún sabiendo

Que cuando vivíamos

éramos parte del índice de vulnerabilidad.

Y ahora me veo en brillo, en mucho oro,

Mucho jetset y estampitas los domingos,

mucho arrodillado, si pudiera

Sacaría este pie de la gruta

La esperma de las velas me lo impiden

Con tanta vela me cegaron, con la multitud

Encima no puedo caminar

Qué he hecho para merecer esto

Si ser como soy es tan FOME?